DAMASCO/NUEVA YORK/ESTAMBUL.- China y Rusia vetaron una resolución del Consejo de Seguridad (CS) de las Naciones Unidas que condenaba a Siria por la violencia utilizada contra las marchas opositoras en su país, lo que agravó la crisis diplomática mundial sobre este caso.
La propuesta había sido presentada por Reino Unido, Francia, Alemania y Portugal, que evitaron incluir sanciones en su texto, aunque mencionaban "medidas selectivas" ante la represión a los manifestantes. Había obtenido los nueve de 15 votos necesarios para su aprobación (a los cuatro europeos se sumaron los de Bosnia Herzegovina, Gabón, Colombia, Nigeria y Estados Unidos), pero fracasó porque los Gobiernos de Moscú y de Pekín interpusieron su derecho preferencial a veto como miembros permanentes del CS. Brasil, India. Líbano y Sudáfrica se abstuvieron.
La decisión fue un alivio para el régimen de Bashar al Assad, que elogió los vetos y cuestionó a Estados Unidos y a sus socios occidentales, a los que acusa de intentar desestabilizarlo. "Fue un mensaje de confianza para las personas de todo el mundo, a cuyos ojos las organizaciones internacionales fueron, por décadas, instrumentos de hegemonías coloniales", afirmó la Cancillería siria.
Por el contrario, distintos funcionarios europeos y norteamericanos se mostraron decepcionados (ver "Repercusiones..."), aunque las mayores críticas llegaron de parte de la oposición a Al Assad. "Es un error político de magnitud histórica, un gran error estratégico; nos preocupa mucho porque podría conducir a que el pueblo sirio pierda la esperanza", afirmó la portavoz del Consejo Nacional Sirio (reúne en el exilio a más de 100 grupos opuestos al Gobierno de Damasco), Basma Kadmani.
Contraataque listo
Mientras el veto obliga a reacomodar las piezas diplomáticas en el tablero internacional, ayer trascendieron supuestas declaraciones de Al Assad al ministro de Relaciones Exteriores de Turquía, Ahmad Davutoglu, que habrían sido realizadas hace meses. En ellas le habría advertido que si la OTAN lanzaba una intervención militar en su país similar a la que se ejecuta sobre Libia, estaba previsto un contraataque con misiles contra Israel, en forma conjunta con Irán.
El mandatario sirio incluso deslizó un eventual plan de "seis horas de duración", que abarcaría una primera fase contra los Altos del Golán (ocupados por Israel en la guerra de 1967 y anexionados definitivamente en 1981), con el respaldo del movimiento chiíta libanés Hezbollah; y una segunda etapa teniendo como objetivos la flota estadounidense e intereses europeos en el Golfo Pérsico.
La relación entre Siria y Turquía pasa por uno de sus peores momentos en la historia, con una fuerte tensión fronteriza. De hecho, el ejército turco comenzó ayer importantes maniobras militares y acciones de guerra en una zona limítrofe, donde se han refugiado más de 7.000 sirios que huyeron de su país por los niveles de violencia (entre ellos, numerosos militares desertores).
Además, el primer ministro de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, adelantó que su país impondrá un paquete de sanciones propias a Siria por haber incumplido las promesas de reformas políticas, aunque la ONU no se pronuncie.
Desde mediados de marzo, miles de sirios marchan en todo el país en demanda de una apertura democrática y de la dimisión del Presidente, algo a lo que el régimen respondió con la militarización de las ciudades. Desde entonces, la ONU estima que murieron unas 2.700 personas; mientras que Damasco acusa a los opositores de haber asesinado a 700 efectivos de seguridad. (Especial-Télam-DPA-AFP-Reuters)
La propuesta había sido presentada por Reino Unido, Francia, Alemania y Portugal, que evitaron incluir sanciones en su texto, aunque mencionaban "medidas selectivas" ante la represión a los manifestantes. Había obtenido los nueve de 15 votos necesarios para su aprobación (a los cuatro europeos se sumaron los de Bosnia Herzegovina, Gabón, Colombia, Nigeria y Estados Unidos), pero fracasó porque los Gobiernos de Moscú y de Pekín interpusieron su derecho preferencial a veto como miembros permanentes del CS. Brasil, India. Líbano y Sudáfrica se abstuvieron.
La decisión fue un alivio para el régimen de Bashar al Assad, que elogió los vetos y cuestionó a Estados Unidos y a sus socios occidentales, a los que acusa de intentar desestabilizarlo. "Fue un mensaje de confianza para las personas de todo el mundo, a cuyos ojos las organizaciones internacionales fueron, por décadas, instrumentos de hegemonías coloniales", afirmó la Cancillería siria.
Por el contrario, distintos funcionarios europeos y norteamericanos se mostraron decepcionados (ver "Repercusiones..."), aunque las mayores críticas llegaron de parte de la oposición a Al Assad. "Es un error político de magnitud histórica, un gran error estratégico; nos preocupa mucho porque podría conducir a que el pueblo sirio pierda la esperanza", afirmó la portavoz del Consejo Nacional Sirio (reúne en el exilio a más de 100 grupos opuestos al Gobierno de Damasco), Basma Kadmani.
Contraataque listo
Mientras el veto obliga a reacomodar las piezas diplomáticas en el tablero internacional, ayer trascendieron supuestas declaraciones de Al Assad al ministro de Relaciones Exteriores de Turquía, Ahmad Davutoglu, que habrían sido realizadas hace meses. En ellas le habría advertido que si la OTAN lanzaba una intervención militar en su país similar a la que se ejecuta sobre Libia, estaba previsto un contraataque con misiles contra Israel, en forma conjunta con Irán.
El mandatario sirio incluso deslizó un eventual plan de "seis horas de duración", que abarcaría una primera fase contra los Altos del Golán (ocupados por Israel en la guerra de 1967 y anexionados definitivamente en 1981), con el respaldo del movimiento chiíta libanés Hezbollah; y una segunda etapa teniendo como objetivos la flota estadounidense e intereses europeos en el Golfo Pérsico.
La relación entre Siria y Turquía pasa por uno de sus peores momentos en la historia, con una fuerte tensión fronteriza. De hecho, el ejército turco comenzó ayer importantes maniobras militares y acciones de guerra en una zona limítrofe, donde se han refugiado más de 7.000 sirios que huyeron de su país por los niveles de violencia (entre ellos, numerosos militares desertores).
Además, el primer ministro de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, adelantó que su país impondrá un paquete de sanciones propias a Siria por haber incumplido las promesas de reformas políticas, aunque la ONU no se pronuncie.
Desde mediados de marzo, miles de sirios marchan en todo el país en demanda de una apertura democrática y de la dimisión del Presidente, algo a lo que el régimen respondió con la militarización de las ciudades. Desde entonces, la ONU estima que murieron unas 2.700 personas; mientras que Damasco acusa a los opositores de haber asesinado a 700 efectivos de seguridad. (Especial-Télam-DPA-AFP-Reuters)